Cada una de las obras incita a una introspección a nivel espiritual, muy existencial, muy autocrítico, que insistentemente intenta rescatar al espectador de esta densidad identidad por la sociedad, de este mundo ilusorio, a lo que llaman los chinos, The Red Dust, el Polvo Rojo, eso que está contaminado de felicidad efímera que no nos deja conocernos e identificarnos.