traje humano

TH, Traje Humano es una propuesta artística que profundiza en la dualidad de lo tangible y lo intangible, lo visible y lo invisible, lo físico y lo inmaterial, del ser humano. A través de 29 obras de gran formato y expresiones artísticas multidisciplinarias, pintura, escultura, instalación, video, diseño, Man Yu y sus artistas invitados reflejan el intento histórico de la humanidad por comprobar sus abstractas verdades, sus almas, con la efimeridad de sus creaciones, a sabiendas de que lo esencial no puede ser comprobado por sí mismo sin intervenciones físicas que busquen prolongar, descifrar, cada partícula de su caducable materialización repleta de realidades sin respuesta a la interrogante que se repite insistentemente en cada una de las obras: “¿Qué somos?”.

La primera obra de la colección fue realizada en 1987. Man Yu, sumergida en esta prematura reflexión materializó por primera vez este concepto tan denso y abstracto cuando tenía apenas 9 años de edad. Sin embargo, no fue sino hasta el año 2013 cuando Man Yu sintió el llamado  para ahondar de nuevo en esta recurrente interrogante y poder revelarla a través de su pincel. El primer traje humano se pintó como un impotente desahogo, pero las demás obras son el trabajo de transformar esta catarsis en poesía y comunicación.

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Procesos con artistas invitados pueden verse en detalle aquí

Ruta del circuito y subproyectos de Traje Humano aquí

Textos críticos y curatoriales sobre el proyecto aquí

Fotografías de las actividades en las redes sociales

TRAJE HUMANO

Año: 1987

Técnica: óleo sobre tela

Dimensiones: 60 x 50 cm (23,6 x 19,7’’)

 

“Pinté algo un tanto perturbador para cualquier niña de 9 años de edad: Un traje de piel tipo tamaño M colgado sobre un gancho de ropa al lado de una cuna de madera en el oscuro rincón de una habitación. Yo sabía que la piel era sólo un traje y que mi verdadero yo descansaba en la cuna, que estaba vacía a simple vista” –Man Yu.

Traje humano. 1987. Óleo. 50x60 cm.jpg

Muchas obras de la muestra utilizaron los mismos elementos de la 1ra obra Traje Humano que Man Yu pintó de niña. La piel humana, representa el cuerpo que nos tocó. El gancho de ropa, representa el tiempo efímero que sostiene nuestra vida física. Aparte de estos elementos, Man Yu también agregó otros nuevos que no se encuentran en ese cuadro, como cuerpos en tonos grises, que representan nuestros cuerpos metafísicos, el verdadero "yo”; hilos rojos, que representan la sangre que hacen funcionar la mecánica de nuestro "traje"; y agujas que remiendan nuestro "traje humano".  Todas las obras, los 29 óleos sobre tela, indican que hay algo esencial dentro de nuestra piel. Por otra parte, elementos como el espejo y los pupitres, son más que obras, recursos didácticos que permitan enmarcar al espectador dentro de la realidad del artista y el contexto de conceptualización del mensaje expuesto en las obras.

Algunas pinturas como "Liberación", "El Adiós", "Apego” señalan el cuerpo como una prisión y sugieren sutilmente la interiorización para librarnos de la falsa identidad que nos limita. Asimismo, reflejan cómo esta necesidad de liberación es a veces motivo de separación de dos personas que tienen posturas ante sus trajes distintas.

En contraposición, obras como "El Beso", "El Abrazo", "Enamoramiento", revelan que el cuerpo es lo que comprueba toda existencia, que solo a través de cuerpos, podemos amarnos, separarnos, expresarnos amor. Además, reflejan la sintonía en la que se encuentran las personas que están en el mismo plano de autorreconocimiento de sus trajes.

Algunas obras, tales como "El Portal", "Materialización", "Poder" y “El Linaje”, describen nuestro afán por poseer éste sofisticado "traje" para experimentar, hacer, ser y evolucionar, ya que, sin él, ¿cómo poder existir en este plano?, así como reflejan el gran valor de tener un traje. Pero a la vez, hay obras como "Una Completa Desconocida", “La Otra Cara”, "La Tercera Opinión" y "De Shopping 1", que nos advierten sobre los engaños e ilusiones que el "traje" provoca cuando las percepciones y decisiones se basan únicamente en aspectos materiales, terrenales del ser.

Por su parte, obras tales como "De Shopping 2", "El guante izquierdo", “Guante derecho”, "Una Prenda Nueva", muestran explícitamente el concepto muy básico del reconocimiento del propio "traje" empoderándose de las capacidades que se nos otorgan con el traje humano. Por el otro lado, algunas obras como, "Protección", "La Caída" y “Somnolencia” fueron creadas para describir sentimientos fuertes e inexplicables que trascienden lo físico de las personas. Otras obras como “El Plan Perfecto” y “El Traje Perfecto” profundizan en la satisfacción y plenitud de estar conscientes de las funciones del traje y la función que cumple en nuestra existencia, entendiendo que el traje perfecto puede ser aquél que no existe, así como el que se nos otorgó, sea cual sea.

Man Yu también siembra interrogantes existenciales con creaciones como "Sentencia", "Algunos Ojos Abiertos", "El Dilema", que parten desde la perspectiva del alma o de un aspecto etéreo, para suscitar a las preguntas de ¿qué tan importante es realmente la existencia física?

 

el mensaje

Traje Humano es un insumo psicológico, psíquico, emocional, espiritual, más allá del alcance actual de la ciencia moderna, más cerca del aspecto cuántico, que promueve ir más allá de los ojos físicos.  Esta propuesta artística sugiere la búsqueda de una inexplicable verdad que solamente a través del silencio, de observación, de introspección, podría revelarse.

Traje Humano se origina en el bullying. A partir de éste se insta a reconocer que somos más allá que el aspecto físico que suele condicionarnos y por el cual, a menudo, socialmente se nos discrimina por diferentes características: sexo, color, edad, orientación sexual, etnia, clase social. Al darse este autorreconocimiento del cuerpo humano como únicamente un “traje”, es posible entender que, aunque algunas de estas características nos condicionan, en realidad no nos definen o limitan. Por ejemplo, como persona, al faltarle un brazo o poseer otros limitantes a nivel de cerebro o cuerpo, Man Yu lo compara como tener puesto un uniforme roto o incompleto, quizá no cumple con la etiqueta de ciertos espacios y no nos sirva para trabajar en ciertas ocupaciones, pero eso no infiere ningún aspecto de nuestra esencia o nuestra verdadera identidad, no nos hace menos valiosos como personas; simplemente es el traje con el que nos tocó en esta vida.  “Quiero recordarles que somos y estamos adentro” palabras de Man Yu.

Consecuentemente y en contraposición, ese “traje” también tiene muchas ventajas y habilidades en distintos contextos, de forma que, al darse ese reconocimiento, podemos empoderarnos de ese “traje”. Man Yu a menudo explica con el ejemplo de que un uniforme de bombero podría parecer feo, incómodo, pesado y caliente, y podríamos quejarnos de usarlo todos los días, sin saber que en realidad es una prenda especial y muy poderosa, que sirve para salvar vidas. Asimismo, al descubrir las capacidades del “traje” podemos ser conscientes de nuestros propósitos, del valor que éste tiene y la importancia de cuidarlo.

Además de este aspecto de autorreconocimiento como individuo, también se suscita a entender que las diferencias de posturas ante el Traje Humano causan afinidades y/o diferencias en las relaciones interpersonales, de manera que si dos personas no se encuentran en sintonía a nivel de propósitos de vida o con respecto de lo que sienten de sí mismos, es posible que haya puntos de fractura de su relación.

De esta manera, aunque se utiliza el bullying como tema inicial de la colección, Traje Humano abarca temáticas sobre el reconocimiento de las diferentes capas del ser, incluyendo a su vez, todos los temas sociales como la discriminación, el racismo, el sexismo, la orientación sexual; temas interpersonales como la ruptura, el amor, la complicidad, el empoderamiento, la sumisión, el control; entre otros que puedan derivar de entender que como seres humanos somos muy complejos, mucho más que la piel que vestimos.

 

artistas invitados

A partir de cuestionamientos sobre la efimeridad de los esfuerzos artísticos actuales en el contexto contemporáneo de las comunicaciones, tecnología y ritmo de vida, Iris Lam, gestora cultural de proyecto, explica que es necesario exponer las obras de Man Yu y sus artistas invitados de tal forma que el mensaje realmente llegue a las personas. Esto implica el mantenimiento de la atención en las exhibiciones a través de activaciones que inviten al público a visitar las salas de las galerías y museos del circuito.

Así, el circuito expositivo Traje Humano expone una serie de obras que invitan a los espectadores a una introspección profunda sobre las razones de la existencia, empezando por el autorreconocimiento de nuestra piel como únicamente una capa más de nuestra realidad. No obstante, Man Yu hace explícito que el hecho de reconocerlo como un aspecto meramente físico no le resta importancia, debido a que es a través de éste que se nos otorga la capacidad de evolucionar por las experiencias que se pueden vivir únicamente al poseer un traje humano.

Asimismo, al profundizar en que las diferencias que generalmente dividen a la sociedad son de origen meramente físico o material, el proyecto Traje Humano ataca problemáticas sociales discriminatorias, entre la xenofobia, el racismo, el sexismo, la homofobia, la discriminación por discapacidades, por imagen, entre otros tipos de discriminación tener trajes humanos distintos. De esta forma, al ser estos problemas inminentes de todas las épocas y lugares, Traje Humano contribuye a minimizarlos para crear un ambiente sociocultural más positivo para el desarrollo de las personas, especialmente como respuesta a las manifestaciones de odio que han sido evidentes entre el 2018 y el 2019.

Por el otro lado, el formato de circuito en el que se desarrolla el proyecto Traje Humano, fomenta la creación de redes de trabajo interinstitucionales, interorganizacionales y entre artistas, que aumentan la dinamización de la cultura y la creatividad. Esto permite que, a través del trabajo en red, las diferentes entidades puedan aportar desde sus diferentes naturalezas y posibilidades a la ampliación, profundización y difusión de un solo mensaje humanista, social y espiritual.

Asimismo, la inclusión de artistas de distintas disciplinas (artes visuales, instalación, video, diseño, performance, música) aporta a tener una visión más integrada de las diferentes artes. Esto permite a los propios artistas explorar las posibilidades de trabajo conjunto en torno a mensajes que puedan ser comunicados en diferentes lenguajes artísticos y, por ende, tener mayor profundización en públicos que son más afines a una expresiones artísticas que a otras.

De esta manera, artistas invitados como Diego Esquivel, con su pieza de videomapping, reinterpreta Traje Humano sobre la obra “El traje perfecto”; Helen Núñez y Julián García trabajan en videoarte junto con Man Yu conceptos sociales a los que el los humanos estamos atados y condicionados a partir del traje que nos tocó; Vernny Argüello desarrolla audiovisualmente un guión de Man Yu que profundizan en las capas virtuales que se posicionan por encima del traje humano; así como Cristian Esquivel, Estefanía Madrigal y bailarinas de Niaballet interpreta la pesadez de la piel y la existencia física a través del performance.

Asimismo, los músicos Ronald Bustamante, Leonardo Gell, Marcela Membreño y David Castillo, realizan presentaciones como artistas invitados en diferentes activaciones del proyecto, junto con la actuación y canto de Laura Barquero. Y aparte, Zoe June Zeegelar, Rogelio Fernández, David Castillo, Andrea Rojas, Alejandro Peinador, Alana Peinador y Abbie Chang colaboran con sus interpretaciones frente a la cámara de los videoartes.

Los aportes de estos artistas apuntan a que el mensaje de Traje Humano se profundice y se amplíe por medio de la complementación de la obra pictórica de Man Yu, y forman parte oficial del proyecto expositivo itinerante junto con la colección de 29 pinturas al óleo.

 

circuito y calendario de actividades

 

1

01/11/2018 al 16/12/2018

Galería Nacional, Centro Costarricense de la Ciencia y Cultura, San José

Exposición oficial con la que se abre el circuito expositivo del Proyecto Traje Humano por un mes y medio. Asimismo, se realizarán visitas guiadas y conversatorios sobre temas relacionados al Traje Humano con profesionales de distintas áreas invitados especiales. Se presentan las 28 obras pictóricas totales de la colección de Man Yu, así como algunas de sus instalaciones, los 5 videoartes dirigidos por Vernny Argüello, Helen Núñez y Julián R. García y el videomapping a cargo de Diego Esquivel.

1

01/11/2018 19:00

Inauguración oficial del circuito Traje Humano.

 

Con Nía Madrigal artista invitada de performance, además de videomapping a cargo de Diego Esquivel y música en vivo por Laura Barquero.

2

16/11/2018 17:00 - 21:00

Ruta del Art City Tour

Visitas guiadas por Man Yu y Diego Esquivel.

3

13/12/2018 19:00

Desfile de modas "El Clóset Humano"

El cierre del periodo expositivo se dio con una pasarela donde se expondrán 40 diseños desarrolladas por diseñadoras de modas de la Universidad Creativa, quienes basarán sus creaciones en el concepto Traje Humano, guiadas por Rob Chamaeleo. Se presentan las colecciones de moda de Laura Vargas Tuk, Pamela Vargas, Joselyn Lam, Kendry Guido, Maureen Berrocal, Tatiana Marín, Yorleny Artavia, Jimena Sanz, Gimena Ramírez, Cristi Blanco y Sheyla Palma. A la vez, Nía Madrigal y su equipo de Niaballet, junto con Cristian Esquivel, presentan junto a la pasarela, sus performances introspectivos.

4

27/01/2019 al 25/03/2019

Museo Municipal de Cartago, Cartago.

La exposición se traslada para encontrarse con otros públicos, especialmente conservadores, en el que la artista con sus obras pretende ampliar la visión y conceptualización que tengan los espectadores sobre el desnudo artístico. La muestra se queda durante 2 meses en lo que se realizarán conversatorios y visitas guiadas sobre temas relacionados al Traje Humano con invitados especiales. Se presentan las 28 obras pictóricas totales de la colección de Man Yu, así como algunas de sus instalaciones, los 5 videoartes dirigidos por Vernny Argüello, Helen Núñez y Julián R. García y el videomapping a cargo de Diego Esquivel, así como una nueva obra pictórica de TH, Re-Nacer.

4

27/1/2019 11:00

Inauguración de Traje Humano en Cartago.

Con los artistas invitados de Nia Ballet junto a Juan Dahik, Diego Esquivel y Cristian Esquivel para dos actos de performance, videomapping y música en vivo.

5

30/03/2019 al 24/05/2019

Centro de las Artes del TEC, Cartago

Una curaduría especial de 14 de las 29 de obras de Traje Humano se presenta en la galería del Centro de las Artes del TEC, para encontrarse con el público universitario, en formación de posturas críticas ante el contexto inmediato nacional.

7

17/05/2019 19:00

Cafeteada con Man Yu: Presentación de los videoartes y conversatorio con Man Yu en el Centro de las Artes del TEC

Una tarde de café con Man Yu para conversar -de una manera más holgada- sobre toda la experiencia creativa y productiva de Traje Humano, la colección y el circuito., posterior a la proyección en pantalla grande de los videoartes desarrollados en conjunto con Vernny Argüello, Helen Núñez y Julián R. García.

6

04/04/2019 al 26/05/2019

Centro Cultural de España, San José.

Exposición colectiva “Trajines” que despliega su concepto en la profundización de las diferentes vivencias, cotidianidades, perspectivas, historias, experiencias que las personas desarrollan de manera involuntaria y condicionada a su traje humano, su piel. La exposición tendrá 1 instalación de Man Yu y 10 artistas invitados de diferentes disciplinas artísticas y estilo quienes expondrán sus introspecciones relacionadas a su propio "traje": Ángel Lara, con escultura; Juan José Durán (Monsieur Durán), con ilustración de modas; Alejandro Rambar, con diseño en papel; Andrés Valverde (Hydroponic.me), con fotografía; Helen Núñez y Julián García, con video; Vernny Argüello, con video; Diego Esquivel, con videomapping; y las diseñadoras destacadas de la pasarela TH, Sheyla Palma Hay y Yorleny Artavia, con diseño de modas. Cristian Esquivel presenta su performance con Evo.

6

04/4/2019 19:00

Inauguración de la exposición colectiva Trajines en el Centro Cultural de España

Con el performance a cargo de Cristian Esquivel y videomapping a cargo de Diego Esquivel.

 

8

10/07/2019 17:00 - 21:00

Ruta del Art City Tour por el Centro Cultural de España

Visitas guiadas por Man Yu.

9

14/06/2019 al 21/06/2019

Beijing World Art Museum, Beijing, China

Una curaduría especial de 14 de las 29 de obras de Traje Humano se presenta en el China Millenium Monument, en el Museo de Arte Mundial de Beijing, como representación oficial costarricense en el 6to Festival de Arte Latinoamericano y del Caribe en Beijing.

10

30/08/2019 16:00

Performance/happening en el espacio público, Parque Francia - Plaza Skawak, Barrio Escalante, San José

“No soy este traje”, la obra performática de este gran cierre, es el nombre de este sencillo acto de muchas personas que exponen sus trajes humanos, en un lugar visible por el público, sin refugiarse tras una identidad construida, representando la conciencia colectividad como un solo ser. Algunos de quienes participan, lo hacen por amor incondicional al arte, otros por vivir esa única e irrepetible aventura, pero muchos, la mayoría, lo hacen para enfrentarse a ellos mismos ya sea a nivel físico, social, psicológico, emocional o espiritual.

Con la presentación especial de Antisentido y Evo.

11

31/03/2021 al 11/07/2021

Museo La Neomúdejar, Madrid, España

Posterior al cierre oficial del Circuito en Costa Rica, Traje Humano fue invitado por el Museo La Neomudéjar en Madrid para exponerse como parte de su programa de artistas centroamericanos. Así, pese a la pandemia, la exposición se inauguró como evento Esencial Costa Rica en presencia de la Embajadora de Costa Rica Ana Helena Chacón y el director de PROCOMER, Jorge Zamora.

Mapa de las activacionesde Traje Humano
 

textos críticos y curatoriales

 

Francisco Brives, Co-director, Museo La Neomudéjar, España

Traje Humano

En la mente de una niña, la fantasía y la inocencia pueden construir un bordador. La costura debió ser algo que a Man Yu como a tantas niñas, por educación ancestral le inculcaron. Esta niña pintora a sus nueve años, reflexionaba sobre quién era, que sucedía entre su yo interno y aquella a la que vestían, desnudaban todas las noches. En la certeza que toda infancia atesora está la de recrear un universo personal y único. Un lenguaje que florece sin trabas, ni condicionamientos sociales. Ahí reside la libertad de ser uno mismo y poseer o crear un lenguaje propio.

La pintura de Man Yu habla de ese viaje a Itaca, la niñez y la inocencia que a lo largo de la vida dejamos atrás y que con las experiencias vividas perdemos sin darnos cuenta. el Retorno a la Ítaca de Man Yu, pasa por re-visitar aquellos lenguajes que creaba en su psique aun limpia, no corrompida. Este trabajo sin pretenderlo evoca a “El Lobo estepario” de Hermann Hesse que reclama la pureza de los hombres ante la corrupción de la sociedad que los pervierte. Para la niña Man Yu, la realidad era clara, cada noche su piel era otra vestimenta añadida a la de los tejidos, podía desprenderse de ella, para sumergirse en él astral.

Alguna reminiscencia de una espiritualidad pura, aflora en la mujer que ahora es Man Yu. La llave que le permite ejercer una acción cuántica y doblar el espacio tiempo, es un dibujo que pinto a sus 9 años, hallado en la visita a su casa materna. La obra que nombra esta exposición arranca en un viaje vibracional relacionado con la teoría de cuerdas, un universo que se pliega y nos retrotrae a la infancia. La pintura de Man Yu es meticulosa, bien precisa en su técnica y con ciertos trazos de contemporaneidad que le otorgan a sus dibujos esa manera de hacer y dejar sin hacer, que tan magistralmente alude a las tendencias actuales de los últimos 20 años del dibujo. Man Yu se sumerge a partir de esta idea primaria, en cada una de las capas o vestimentas que la sociedad ha ido imponiéndonos. Un anhelo por rescatar la esencia misma de las personas más allá de su contexto de raza, género o posición social. Man Yu vive en una Costa Rica clasista, un país marcado por una herencia de afectos a la blanquitud de las pieles, una necesaria idiosincrasia remota de un colonialismo hispano que no logra quitarse la piel “el Linaje” para mirarse al interior.

Las razas, no existen, solo existe una raza, la humana. Man Yu apela a este único eje troncal que nos une, su trabajo es profundamente humanista. No malgasta el tiempo con símbolos religiosos, políticos, ni adornos que denoten una clase social a la que pudiera estar retratando. La pintura de Man Yu está conectada a la metafísica, al lenguaje de los iniciados, el trabajo del retrato clásico, que alude a la belleza y la desnudez, la belleza colonial de la que aún no ha logrado desprenderse, por lo que la colonialidad, pese al mensaje que nos espeta, sigue vigente. El paso dado, aun así, es de gigante, máxime en la sociedad actual, donde los exabruptos no son bien asumidos y se precisa de ese carácter no agresivo, dulcificaste y condescendiente que exhala la obra de la artista. Un ejercicio plausible que procura una reflexión pacífica y sensible muy a tono con su ascendencia asiática y los condicionantes educacionales que siguen tensando ese deseo claro de distanciarse de lo ineludible, que no deja de ser la batalla de todos los tiempos.

No hay en la obra de Man Yu una libertad, al contrario, existe una pulsión estética a un intento fallido, un anhelo a no sufrir, los cuerpos remiendan las pieles rotas, zurcen la capa etérea que está en constante lucha con la apariencia que pervive en los rostros, en las máscaras de sus retratados. Sus figuras que obviamente beben de una belleza clásica, bien asimilada y vinculada a la perfección de las formas que la moda dicta. Cuerpos jóvenes, tersos, de diversas razas, pero absolutamente impecables, dignos de una estatua griega o una portada de Vogue. Aun así, la tensión y la necesidad de desprenderse, ejerce una reflexión incomoda al contexto actual. No estamos satisfechos con nosotros mismos, y no logramos, por muchos intentos que hagamos, alcanzar la Ítaca soñada. La necesidad objetiva de Sachlichkeit ha de ser satisfecha, de ahí que algunas de las obras, aludan metafóricamente a la mirada, los ojos como paradigma de la objetividad mientras el cuerpo se gira sobre sí mismo para habitar otras realidades posibles, procura Man Yu ¿el intento de una nueva objetividad?.

En cuanto a las elecciones monocromáticas de las pieles desnudadas, o los otros yo como plantearía el escritor Miguel Serrano, nos dejan atisbar que esta obra pese a las criticas conceptuales que pudiéramos recriminar, entabla con quien pueda leerlo un dialogo iniciático. La conexión del humano con los otros cuerpos sensibles que también le pertenecen. Muchos de ellos esperan a ser escuchados como en la obra “sentencia” que despiertan al ser vestido mientras contemplan externamente que la conciencia aflore. Traje Humano nos deja entrever las puertas por las que podríamos acceder a nuestros otros yo. Como en la Alicia de Lewis Carroll, las puertas a veces son el sexo, los otros, el género, la maternidad, la amistad. Siempre está la oportunidad para desnudarse la piel y ser una raza universal y monocromática que es cómo Man Yu representa el espíritu humano.

La obra pictórica de Man Yu, su trabajo al óleo y la técnica por momentos hiperrealista nos deja entrever una condición académica pura, la misma que reclama para los retratos que nos presenta. La técnica del retrato esta contemplada desde una perspectiva clásica, los desnudos, los escorzos, los límites del movimiento nos sugieren una reconexión con la belleza colonial. No está en su técnica, la repulsa a lo impuesto, sino en la manera en la que somos expuestos como humanidad. Frente al trabajo pictórico Traje Humano ha arrastrado una secuela de conflictos estéticos y de diversidad cultural como la moda, la performance, y otras acciones colectivas muy aferradas a las nuevas tendencias de los social que, a mi manera de ver, le roban protagonismo a la poesía purista de la pintura expuesta. No obstante, la hibridación con diversos lenguajes y colectivos ha dimensionado la experiencia íntima para hacerla universal. El atisbo iniciático se deja entrever en algunas imágenes que refrendan las leyes del Kybalion sobre el “como es adentro es afuera” o como es arriba es abajo. La exposición Traje Humano, nos coloca en la posibilidad de reflexionar sobre el “dispositivo piel” que nos envuelve, pero que no nos conforma como especie, ni como raza. Probablemente, aquello que no nos aclara sea lo más interesante de su trabajo.

 

Margarita Aizpuru, Comisaria independiente y crítica de arte, España

Man Yu: más allá de la piel

“No hay nada más profundo que la piel” (Paul Válery)

La profundidad de la piel puede entenderse en la interrelación dialéctica entre el adentro y el afuera, entre lo superficial y lo profundo, entre el cuerpo, y sus connotaciones, y el espíritu, entre lo físico y la mente, entre la emoción y la conciencia, entre la intuición y la razón.

Las células, determinados elementos químicos que nos componen, la piel, los músculos, los huesos, los procesos bioquímicos y eléctricos, la energía que nos mueve, el desarrollo y la lozanía corporal y el decaimiento y envejecimiento, el erotismo, las sensaciones, las experiencias, y tantos y tantos ingredientes conforman nuestros “trajes humanos” con los que transitamos por nuestras vidas, en nuestro planeta Tierra.

Pero también nuestros “trajes humanos” como aquellos en los que están cartografiadas nuestras conductas, los roles asignados, los estereotipos, las discriminaciones sufridas, sean por razones xenófobas, racistas, sexo/genéricas, culturales, religiosas y de tantos otros tipos. Y unos “trajes humanos” donde habita el amor, el deseo, las energías positivas, donde se hace física la conciencia llevando al actuar, donde se corporeizan tanto las emociones y los sentimientos, la autoestima, como el dolor y el sufrimiento.

Además, podemos entender que debajo de todo, en el interior de nuestro ser, en sus profundidades, como diría Paul Valery, es donde nace, crece, nuestra verdadera piel, muy por debajo del “traje humano”, que muchas veces se compone de capas, e incluso máscaras que pueden intercambiarse, como quien se cambia de traje, de rostro, de gestos. Una piel profunda, como un territorio sensible de emociones, de energías, de comprensión, de introspección, de transcendencia e interconexiones vinculantes con los otros, y vinculación con lo otro, como aquel espacio/tiempo de transcendencia hondo.

Estas son algunas ideas, sensaciones, lecturas y entendimiento interpretativo, que se nos desprende del trabajo artístico global denominado Traje Humano, de la artista costarricense de origen chino Man Yu (Hong Kong, 1978). Y que, aquí, en Madrid, se muestra en una exposición de ese nombre, en el Museo La Neomudéjar de Madrid desde marzo y hasta julio de este año 2021, dentro de los objetivos de este vanguardista, independiente y comprometido Centro de Arte que apuesta por las creaciones más experimentales y actuales y los intercambios artísticos con otros países.

Una exposición que ha venido itinerando, moviéndose, por distintos museos y espacios de diferentes países como China, Beijing, Rusia o Costa Rica, y ahora España, y en la que Man Yu, ahonda en el cuerpo, su experiencia y sus significados, al que explora, tanto como las connotaciones y los condicionantes que se le asignan en nuestras sociedades, y como también una forma de autoconocimiento, para ir más allá de él, hacia dentro, introspectiva y profundamente. Un cuerpo, como trajes de un ser que está ahí en el interior, y que explicita en el territorio bidimensional, el de la pintura, pero también en su extensión hacia otros territorios artísticos, como la performance, la instalación o el vídeo.

Cuerpos como un mapa de signos y metáforas que ella describe como trajes, partiendo de su propia experiencia individual, de sus condicionantes, asignaciones clicheadas, sensaciones y emociones, y de representaciones que transcienden su propia individualidad para ser extensibles, como vivencia y reflexión, a los demás.

Aunque la pintura ha sido el medio expresivo más utilizado en la trayectoria artística de Man Yu, esta hace uso de muy diferentes medios disciplinares. La mayoría de sus trabajos se centran en la toma de conciencia y la reflexión acerca de esas capas de socialización que configuran nuestro “traje humano”, como hemos comentado, y el hurgar y ahondar dentro de nosotros mismos, para transcenderlo, y ser libres, profundamente. Sus obras deambulan entre la fuerte expresión estética, a la vibración poética, la narrativa psico-carnal y emocional, al activismo humanista antidiscriminatorio de las diferencias humanas, sus desconsideraciones y supeditaciones. En sus obras aboga asimismo por una nueva y profunda identidad de las personas, libre de opresiones, miedos, toxicidad y alienación, cargada de energía positiva e interrelaciones libres e iguales en una convivencia de respeto e igualdad humana y de las personas con la naturaleza.

En ese sentido hace uso del concepto de “traje humano”, como esa serie de pinturas que nos ofrece, a veces monócramas y otras bícromas, con las que representa, con un figurativismo muy realista, salvo en el color y trazo, muy diversas personas, en distintas actitudes y comportamientos, interrelacionando entre ellas, o en solitario, mostrando ese “traje humano” que nos cubre.  Cuerpos humanos pintados, de precisión técnica, mostrando sus cuerpos, sus músculos, sus pieles, a veces a medio quitar o poner, cambiando de color gris al color carne, a modo de ese traje de quita y pon.

Esa metáfora del traje como la piel socializada, como las capas y máscaras identitarias y de comportamientos, ya fue representada por la artista a los 9 años, mediante una pintura temprana que realizó, representando un traje de piel humana, colgada de un gancho en un muro, al lado de una cuna vacía. Una piel vista como vestido, del que se podía desprender y colgar, para quedarse con la esencia de su ser. Una suerte de exhorcización de las secuelas psíquicas y emocionales producidas por el cruel bulling, del cual la artista fue víctima, en su infancia y adolescencia, por ser diferente por su raza y cultura, asiáticas, en un entorno juvenil y educativo en el cual no eran admitidas las diferencias. Humillaciones, burlas, vejaciones, agresiones, ridiculizaciones, por parte de niños y adultos, hacia ella, la diferente, le provocaron una actitud de resistencia, de rebeldía, y de creatividad dibujando, pintando escenas con personajes infantiles de vidas felices y “normales” que en el fondo eran escenas de deseo personal y que, tal vez, le servían como ritual liberador, en el sentido jodorowskiano, psicomágico. Y una pintura infantil que estimamos es el leitmotiv del desarrollo posterior de este proyecto, al que se incorpora, como origen y fuente motora del mismo.

Un proyecto artístico, Traje Humano, es un work in progress que se desarrolla en el tiempo, a través de los años, desde el 2013, y en los espacios, en los distintos países y lugares en los que se ha mostrado y desplegado en sus actividades, que viene integrado por una serie de pinturas de mediano a gran formato, instalaciones, videoperformances, desfile de moda, y otras actividades multidisciplinares con distintos artistas colaboradores.

De entre esas actividades multidiciplinares incluidas en el proyecto, destacar la performance/happening realizada por la artista en el año 2019, titulada No Soy Este Traje, con la participación de 100 personas, hombres y mujeres diversos, interviniendo-accionando sus cuerpos, vestidos y desnudos, en el espacio público, en las calles de la ciudad de San José, en Costa Rica. Unas desnudeces de cuerpos tan masiva que era la primera vez que se veía en la ciudad, llamando la atención, provocando acercamientos y reflexiones, y que, aunque de una forma personal y subjetiva y guardando las distancias, nos recuerdan a las intervenciones del artista norteamericano Spencer Tunick y sus numerosas series fotográficas representando masas humanas de personas desnudas, en su diversidad y pluralidad, en espacios públicos.

Esta acción de Man Yu, de ejecución y desarrollo colectivo-participativa, seguía un guion o pautas delineados por la artista, pero a su vez propiciaba un despliegue colectivo e individual de cada participante, que interpretaban y accionaban los condicionamientos sociales y las vicisitudes de las vidas de cada uno  bajo sus “trajes humanos”, despojándose, simbólicamente, de sus vestidos, estando desnudos bajo una enorme tela de color carne que los cubría, a modo de ritual transformador, y vestir todos una camisetas con el lema de “Yo no soy ese traje”, bastante en línea con el discurso general del proyecto, en ese soy el interior y no la superficie. Una acción que se desenvuelve en el ámbito de las emociones, de lo sensorial, de lo social y reivindicativo, de lo introspectivo y psicológico, de lo puramente experiencial y espiritual, en una suerte de ritual liberador de energía, pensamientos y emociones. Y una performance grabada en vídeo, en esa performance expandida hacia otros terrenos artísticos que muchos artistas practican, y que se integra también en esta exposición.

En definitiva, unas obras que integran un proyecto fuertemente humanista y liberador de todo encorsetamiento,  que son herederas, de alguna forma, del amplio territorio artístico heredero del body art y del espíritu performativo, y que se inscribe en los ámbitos humanísticos, de los derechos humanos, de la igualdad, en horizontal de los diferentes, al transcender esa cobertura, ese traje, para ir más adentro, a la esencia humana, donde las diferencias socioculturales, raciales, sexo-genéricas,  y de otra índole no importan.

Y un proyecto expositivo integrado por unas obras que nos llevan a reflexionar-sentir la profundidad de la verdadera piel de la que nos hablaba Paul Valery.

Marisa Caichiolo,  Directora Building Bridges Art Exchange, Estados Unidos

Man Yu y su traje humano de alquimia transformadora

La artista ha dibujado y pintado desde muy niña; ya en su juventud expresaba su malestar y su postura frente al bullying a través de la pintura, materializando y abordando el tema de la violencia desde su práctica artística.

Su obra tiene como principal y casi único elemento el cuerpo humano, se trata de sujeto-objeto, en ello busca rescatar y plasmar las emociones, gestos, expresiones y movimientos. Este sujeto es la materia inicial que será sometida a la alquimia del proceso creador de la artista. En la obra de Man Yu nos encontramos con el otro como una especie de espejo que transmite en cierta forma lo que queremos mostrar al mundo de nosotros mismos e incluso nuestro estado de ánimo.

Man Yu ha transitado por el dibujo, la pintura, la instalación y performance siempre desde una mirada crítica y cuestionadora de su entorno social y político. Su trabajo nos deja entrever cierta evidencia de una postura autobiográfica y femenina acompañada de elementos que dejan entrever la violencia y el sufrimiento manifestados por el manejo del cuerpo en su obra. El cuerpo psicológico, público, íntimo y político que al mismo tiempo forman un todo.

Estas combinaciones se ven reflejadas en sus acciones públicas e intervenciones performáticas que rompen con el letargo de algunos vecindarios, haciendo alusión a la violencia real a la que se ven sometidos muchos seres en el orden cotidiano y el silencio de una sociedad basada en la no inclusión y la no aceptación de las diferencias.

Lo interesante es ver el compromiso de la artista tanto en sus propias prácticas y ejercicios, como así también en el compromiso con el público, que trata de visibilizar lo normalizado en la sociedad desde el activismo.

Tatiana Muñoz Brenes, Investigadora y curadora independiente, Costa Rica

Traje Humano

La biografía, imagen y trayectoria de Man Yu ya son temas mediáticos. Reiterar en ello sería innecesario cuando se tiene la posibilidad de apalabrar la perplejidad con que la miro, yo, mujer, curadora, bisexual, disidente. Ella, su creatividad, su belleza, su espiritualidad, su acervo cultural, sus capacidades plásticas autodidactas, su expresión técnica, su ascendencia china de primera generación, su disidencia sexual y de género libre de etiquetas. Somos dos mujeres queer (o cuir, según preferencia) que se miran mutuamente, yo leyendo imágenes y escribiendo sesgada por mis propias causas que atraviesan mi subjetividad, mientras me pregunto ¿por qué, entre tantas entrevistas y reseñas, nunca se ha escrito acerca de la obra de Man Yu con una perspectiva LGBTIQ+?

Pero empecemos detallando el formalismo de sus imágenes. Una pintura figurativa con reminiscencias de la tradición londinense de Bacon y Freud, nos detalla series de cuerpos desnudos, con líneas detalladas y definidas que dan realismo a los surcos, texturas, chiaroscuro, rubores y vellosidades. Man Yu demuestra su nitidez en el dibujo anatómico, sus profundidades, escorzos y perspectivas, combinadas con técnicas que le permiten mezclar componentes más etéreos. La composición se muestra limpia ante la ausencia de fondo, más las posturas complejizadas y poco espontáneas de los cuerpos, retan a la artista a alcanzar la armonía visual que de hecho llega a conquistar: un dominio sobre las curvas, nudos de extremidades, quiebres. Destaca el poder matérico del cúmulo de óleos, el cual da fuerza expresionista a las obras una vez miradas de cerca, develando grumos ocasionales. Su paleta es suave y armónica, entre los grises rodeando segmentos más cálidos. Sobresale el trazo apolíneo, un manejo perfecto del dibujo que no duda en pasar al extremo de la prominencia de la mancha, con una pincelada más bien espontánea que distorsiona y redirecciona la razón del espectadorx hacia dimensiones más místicas.

Hay algo de inquietante y a la vez apaciguador en los cuerpos pintados por Man Yu. Hay una extrañeza ante la falta de un fondo que pudiese contextualizar la obra, haciendo de ella un algo más efímero y flotante. El negarnos un sostén con historia y contexto explícitos de cada pintura, Man Yu nos saca de lo terrenal para expresarse en un plano desconocido, o como afirma la pintora, espiritual. Los cuerpos ahora coquetean con lo intangible a pesar de su representación figurativa. No son sólidos, hay algo en ellos que se escapa. Son cuerpos dispuestos en distintas combinaciones de relaciones erotizadas, en pares del mismo sexo o individuxs consigo mismxs. Hay un deseo denotado en las miradas enfocadas al otrx, en rostros cuyos párpados y labios se sincronizan en una apertura parcial, creando un gesto extático. Mientras los cuerpos en solitario se miran la piel, se tocan, se inspeccionan y hasta se rasgan, con un gesto calmo y apacible que no deja de evocar un erotismo inmaterial con el sí mismx. Las irregulares posturas y las ondulaciones del óleo evidencian una resistencia al hiperrealismo terrenal. Curiosear la piel, decolorarla, arrancársela, volverla a coser... la piel es un traje. Entramos al tema de la inmaterialidad del ser: la paradoja que propone la obra de Man Yu de una pintura de cuerpos, pero con una conceptualización que trasciende lo sensible.

Dejando los formalismos y semióticas, mi labor es aventurarme pioneramente a un primer vistazo, incompleto y general, sobre la importancia queer de la obra de Man Yu: y es que toca el tema sin proponérselo, y acierta. Los estudios de sexualidad y género están atravesados por una performatividad corporal, pero la artista vira el enunciado hacia ideas más espirituales que pueden asociarse con su herencia cultural del sabio Oriente, todo lo cual le permite salirse del somatocentrismo de las teorías queer que norman la filosofía occidental. Lo queer trasciende aquí las meras escenas lésbicas y gays, tan evidentes y no eufemizadas por la artista. Nos recuerda que nacemos de una forma, y ésta nos condiciona y nos hace prisionerxs.

El género y la sexualidad son parte del traje humano. Es éste un pensamiento que llega a la artista a posteriori, sin tener ella la intención de abordar esa temática. La artista, inconscientemente, arrastra todas las problemáticas que están frente a sus ojos y las traslada a las condiciones de la piel. La piel se cuelga. La piel pone. La piel se cose. Aquí la artista nos cuestiona la relación con nuestro propio cuerpo, nuestros predeterminantes, nuestra ignorancia, nuestra discriminación, nuestras nosologías basadas en materialidad de la piel. Piel sin la cual alcanzaríamos «ser unx, ser amor», en palabras de Man Yu. Por eso la desnudez absoluta: si no somos la piel, menos aún somos la ropa. Si el mundo de la alta costura proclama que el ropaje es otra piel, el traje humano pinta lo contrario: la piel es otra vestimenta, igual de mutable, perecedera y vacía para el ser.

La magia del traje humano es que cada observadorx lo interpreta a su manera, porque le recuerda su propio interés, sea cual éste sea. La historia íntima (ergo, política) de quien mira la obra, le hace variar a ésta el contenido y su matiz. Apela conceptualmente a la interseccionalidad de temas que incumben al cuerpo, cuerpa, cuerpe, tales como el racismo, el transfeminismo, la orientación sexual y otros; aunque descuida las posibilidades, simbólicas y estéticas que le aportarían a la obra la presencia de cuerpos más diversos. He ahí el valor de una obra polisémica: permite tantas lecturas como espectadorxs existan, apelando a la subjetividad única de cada unx, resonando según las inquietudes e intimidades que le ebullen y palpitan, que son latentes, y laten. No es casualidad que la obra en cuestión logra tocar las puertas de públicos que no consumen arte.

Es así como Man Yu cumple su trabajo: proyectar su intención de un despertar. Se preguntaba “¿vivir para pintar, o pintar para vivir”; y ella misma responde “vivir para pintar, y para no pintar”, asociado a su convicción de profesar amor, con o sin pincel. La artista y la humana se cruzan con la ambición espiritual que da una musa enloquecida.

Una mirada LGBTIQ+ de la obra de Man Yu es sólo una lectura posible, una lectura muy otra, incluso marginal. Propongo celebrar esta polisemia con un reto al lectorx: analicemos la obra de Man Yu, a partir de una frase suya: «La estética sin consciencia y coherencia, no es arte».